La Visitación de la Virgen María a santa Isabel

En curso · día 1 de 9

Novena por la Visitación

La Visitación de la Virgen María a santa Isabel

Nueve días para imitar la prontitud de María al visitar a su prima Isabel, pidiendo la gracia de llevar a Cristo a los demás con alegría.

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Día 1 de 9

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Día 1 de 9

Día 1

Señal de la Cruz

Guía

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.

Todos

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

Todos

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente enmendarme, confesar mis pecados y cumplir la penitencia que me sea impuesta. Amén.

Oración para todos los días

Guía

¡Oh Madre Santísima de la Luz, Virgen la más amable, dulce, tierna y benévola que ha salido de las manos del Creador, para consuelo, amparo y bien de todos los mortales! Nosotros os alabamos, bendecimos y tributamos el justo homenaje de las más rendidas gracias, por la dignación que habéis tenido de regalar a esta Ciudad vuestra soberana Imagen, bendita por esa vuestra misma mano, que con tan blando afecto acarició al niño Jesús en el pesebre, y con tan dolorosa compasion tocó sus llagas, cuando fué bajado de la Cruz y puesto en vuestro regazo. Al mismo tiempo, benignísima Señora, os agradecemos en lo íntimo del alma, el que hayáis escogido para hacernos este rico presente, el mismo dia en que nuestra Madre la Santa Iglesia celebra vuestra Visitación a vuestra prima Santa Isabel; en lo cual entendieron nuestros padres, y hemos experimentado constantemente sus hijos que veníais a dispensarnos singulares favores, como los derramásteis a manos llenas en aquella ciudad de Judá. Con tan plausible motivo os consagramos este novenario, en el cual queremos refrescar la memoria de vuestras liberalidades, para perpetuo testimonio de ellas a las futuras generaciones e impetrar de vuestra bondad inagotable, la gracia de que a la hora de nuestra muerte, nos hagais una visita, para entregar nuestra alma en vuestras maternales manos. Así os lo suplicamos por el divino Niño que tan graciosamente sosteneis en vuestro brazo izquierdo. Amén.

Primer Día de la Novena

Guía

Serenísima Reina y Señora del universo, que siendo Madre de Dios vivo, dejásteis vuestro apacible retiro y os levantásteis con santo apresuramiento, para ir personalmente a visitar a la anciana y dichosa Santa Isabel. Ah! sin duda que esta noble matrona jamás olvidaría tan alta distinción. Pues ¿cómo podrémos olvidar la que nos habéis hecho, atravesando los mares para venir a nosotros desde Sicilia y fijar aquí vuestra morada? ¿qué visteis en nosotros para honrarnos con esta predilección? ¡Oh mil veces bendita vuestra inefable misericordia, pues como verdadera Madre allá corréis más solícita donde está el hijo más necesitado! Permitidnos pues, oh Madre Santísima de la Luz, que nos unamos al coro de los Angeles para daros las debidas gracias por este singular favor, y que con ellos y especialmente con nuestros ángeles custodios os supliquemos nos visitéis en la hora de nuestra muerte y nos concedáis la gracia que en secreto os pedimos, si fuere así de vuestro agrado. Amen. Se hace la petición y después se rezan tres Ave Marías en esta forma: Dios te salve, María Santísima, poderosísima hija de Dios Padre, Virgen purísima antes del parto. Dios te salve María, etc. ¡Oh Madre de la Luz, Virgen María! Ahuyentad de tu pueblo la herejía. Dios te salve, María Santísima, dignísima Madre de Dios Hijo, Virgen purísima en el parto. Dios te salve María, etc. ¡Oh Madre de la Luz, Virgen María! Asistidme piadosa en mi agonía. Dios te salve María Santísima, castísima Esposa de Dios Espíritu Santo Virgen purísima despues del parto. Dios te salve María, etc. ¡Oh Madre de la Luz, Virgen María! Que se salve por Vos el alma mia.

Oración final

Guía

¡Oh Madre Santísima de la Luz y dulcísima Madre nuestra! El número de los favores, gracias y dones que os debemos excede a cuanto puede retener nuestra memoria, a cuanto se ha consignado en los anales de este pueblo, a todo en fin, cuanto puede expresar nuestra torpe lengua, y solo está escrito en vuestro amantísimo Corazon y en el de vuestro divino Hijo. ¡Ojalá os hubiéramos correspondido cada una de vuestras finezas con el amor y gratitud que justamente habéis merecido! Pero ¡ay! para confusión nuestra, confesamos que mil y mil veces, olvidando vuestras bondades, hemos perpetrado tantas culpas, iniquidades y crímenes, que a veces hemos obligado al Dios justo a descargar sobre nosotros el castigo; más apenas hemos recibido el primer azote, cuando Vos enternecida por nuestro llanto, os habéis interpuesto entre su Magestad y nosotros, y con vuestros maternales ruegos habéis desarmado su brazo. ¡Ah, Madre Santísima de la Luz! Nunca, nunca, por piedad, nos abandonéis, porque ¿a merced de quién se quedaría este Obispado? ¿con quién nos quedariamos nosotros? ¿con quién nuestras familias y nuestros hijos? ¿con quién todo este pueblo que tanto habéis amado? No, Señora, creemos que no tendréis corazón para abandonarnos, porque una Madre como Vos, no puede olvidarse de sus hijos, aunque delincuentes. Alcanzadnos, pues, los sentimientos de una verdadera y eficaz penitencia de nuestros pecados; enjugad como siempre nuestras lágrimas, remediad nuestras necesidades, protejed a las personas que celebran vuestro advenimiento a esta ciudad, cubridnos a todos con vuestro manto, para vivir siempre bajo vuestra protección, y dignaos cortar Vos misma con vuestras manos, el hilo de nuestra vida, para entregar en ellas nuestra alma a nuestro Creador, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.